La fábrica de las Misses, una industria que mueve millones en Venezuela



"En una noche tan linda, tan linda como ésta, cualquiera de nosotras podría triunfar; ser coronada Miss Venezuela y por fin su sueño realizar...". Son muy pocos los que en el país sudamericano no han tarareado alguna vez su segundo himno oficial. Al país de la revolución bolivariana y del petróleo también le obsesiona la belleza. Una industria que factura millones de dólares y que produce miles de sueños de niñas y jóvenes, empeñadas en emular a sus siete Miss Universo, seis Miss Mundo, seis Miss Internacional y una Miss Tierra.
María Gabriela Isler, Molly para los amigos, es la última triunfadora. Se impuso en la 'foto finish' a la canaria Patricia Yurena, su compañera de habitación. Y tardó muy pocas horas en sentir sobre su cuerpo las caricias del éxito: al día siguiente de ser coronada Miss Universo en Moscú lució un bañador valorado en un millón de dólares.

El Zar de la Belleza

El himno de Miss Venezuela es tan pegadizo como falso: sólo las elegidas por Osmel Sousa pueden ganar. Presidente de Miss Venezuela desde hace más de 30 años, este Zar de la Belleza es lo más cercano a Dios en la fábrica de misses: selecciona, entrena y manda operar a decenas de mujeres de una lista inicial de 7.000, que tras cinco meses de preparación en la Quinta Miss Venezuela, en Caracas, pueden añadir nuevos triunfos al palmarés que más enorgullece al venezolano. Ni siquiera el codiciado Cy Young de las Grandes Ligas en un país tan beisbolero resiste la comparación.
"Sólo necesito que haya materia prima para moldearla", le gusta repetir a Sousa, transmutado en el hacedor del 'espejito' mágico de Cenicienta. Cuenta la leyenda que ya de niño, en su Cuba natal, fabricaba muñecas para elegir a la más bonita.
Para la mayoría de los 'missólogos' locales es un iluminado, el principal responsable de la exportación de la belleza venezolana por todo el mundo. Un superviviente que vive siempre en el ojo del huracán.
Escuelas de negocio de medio planeta han estudiado las interioridades del Miss Venezuela. ¿Cómo se financia esta suculenta turbina económica? A través de los socios y anunciantes locales, que no sólo se disputan los minutos de la publicidad más golosa del país, sino también se pelean por la cercanía de las misses. "El Miss Venezuela es como una final de Champions", ha explicado en alguna ocasión Boris Izaguirre.

Cuentos de hadas

La historia de Molly Isler no amerita, de momento, un guión de Hollywood. Fue un peluquero con contactos en el Miss quien convenció a la joven de 25 años, graduada en gerencia de Mercadeo, para que se presentara. A Sousa le encantó, pese a su timidez inicial. No fue favorita en el concurso local, tampoco en el Miss Universo. Pero con profesionalidad y buenas respuestas (describió a Venezuela como "un paraíso con nombre de mujer") se ganó las sendas coronas.
Una historia muy normalita si se la compara con la de Ivián Sarcos, Miss Mundo 2011 (en la foto, con Hugo Chávez), que parece un cuento de hadas. Quién le iba a decir a aquella niña largirucha, recogida en un convento de monjas tras la muerte de sus padres y que coqueteó con la vida religiosa durante una buena temporada, que sería campeona mundial de belleza.
Quién le iba a decir a esas mismas monjitas que su huérfanatrabajaría duramente de panadera y venderora de teléfonos celulares y que acabaría militando en las filas del chavismo. Sarcos mantiene su cercanía al poder, incluso ha ejercido de 'speaker' en varios actos públicos con Nicolás Maduro, con quien mantuvo una buena amistad.
En las filas revolucionarias también milita la recién elegida Miss Venezuela 2013, Migbelis Castellanos, un joven de 18 años sobradamente preparada y de corazón rojo rojito. "Honor y honra, Hugo Chávez" y lágrimas "con sentimiento venezolano" afloraron en su Twitter tras el fallecimiento del comandante supremo.
¿Y Molly? En un país tan polarizado era previsible que se produjera una exhaustiva investigación entre sus más cercanos y sus redes sociales, pese a que su trayectoria pública era y es impecable. Hasta que le cazaron un tuit, de junio de 2011, que a buen seguro no le habrá hecho mucha gracia a Maduro, quien tan efusivamente recibió su triunfo. "Llegar a la casa cansada, acalorada, con ganas de bañarte, descansar, etc. ¡Y que no haya luz! ¡El grandísimo concha de tu madre, Chávez!", escribió Isler. Eran otros tiempos...

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